LA SUSPENSIÓN DE LA INCREDULIDAD

No dualidad, espiritualidad, advaita

Hoy vamos a hablar de ciertas cosas, ciertas actitudes que podemos tener, que nos pueden ayudar a entender mejor lo que está pasando, que nos pueden ayudar a que nuestro día a día sea mejor, que lo pasemos mejor, que estemos más tranquilos, que disfrutemos más lo que está pasando.

Dentro de toda esta confusión, dentro de toda esta aparente realidad que nos rodea y que nos engancha, y que nos hace creer que es real, que nos hace sufrir, y que nos hace llorar, y que nos hace reír de vez en cuando, la Gracia, el Ser, el Vacío, no nos deja solos. Normalmente dentro de ese mundo nos va dando pistas, nos va colocando ciertas miguitas de pulgarcito para ayudarnos a volver a casa y si estamos abiertos y las vemos, podemos sacarle mucho provecho.

En mi experiencia, desde más o menos la época que conocí a Robert Adams, me di cuenta que muchas de las cosas que nos suceden o que muchas de las formas como la mente nos engatusa, tienen un paralelismo con la informática, con los ordenadores, con las computadoras. Pues si nos ponemos a ver hay muchas similitudes, el ordenador para mí es como un manual de uso de nuestra mente y hay algo que me llama mucho la atención, por mi experiencia.

Yo trabajé un par de veces en el diseño de juegos para computadora. Una experiencia muy interesante, aunque yo no soy un profesional de eso, y hay un concepto que me llama mucho la atención, los diseñadores de juegos lo llaman “suspension of disbelief”, la suspensión de la incredulidad. Eso es algo que ellos se ponen como una meta, sobre todo en juegos de primera persona, te ves como si fueras tú la persona que está realizando la acción, y ves todo desde tú punto de vista. También funciona mucho en simuladores de vuelo, simuladores de coches de carreras, todo eso… “suspension of disbelief”.

Los diseñadores tratan de crear el juego, de hacerlo tan real, que los gráficos sean tan reales, que el sonido sea tan real, que las acciones que están pasando vayan a un ritmo tan frenético, que la incredulidad con la que tú te sientas delante de un ordenador a jugar, esa incredulidad que te dice que lo que está delante de ti es un juego y que lo vas a jugar. Si el juego está bien diseñado, te va a colocar en una situación, donde se te va a olvidar que es un juego, y vas a empezar a actuar como si estuviera pasando de verdad. No sé si alguno de vosotros lo habéis hecho o lo habéis tratado, pero sucede. Llega un momento que los estímulos te llegan tan rápido que ya no puedes ser incrédulo, se te olvida ser incrédulo, y empiezas a sentir, y empiezas a gritar, y empiezas a hablar con el ordenador, y empiezas a hablar con el muñequito que te está disparando. Pierdes totalmente tú capacidad de darte cuenta de lo que es real y de lo que no es real. Y eso cuando un juego lo logra, el diseñador dice que ha conseguido su meta, ha suspendido tu incredulidad.

Pues viendo esto me di cuenta que la forma como el mundo nos engancha, como la mente nos engancha, es exactamente lo mismo. La cantidad de estímulos, la calidad de la imagen que yo estoy viendo, veo en 3D, oigo con sonido cuadrafónico, y veo en alta resolución. Tú me hablas y el sonido parece real… y todo eso hace que nos creamos que todo esto es real. Pero en realidad no lo es. Es un juego.

Hablábamos ayer de un nietecito «adoptado» que yo tengo de 13 meses. Él cuando me mira, no cree que yo sea real, él me ve y él sabe que yo no soy real. Eventualmente, cuando empiece a ir a la guardería y empiecen a llegar los estímulos, va a llegar un momento que a ese niño, se le suspende su incredulidad y empieza a vivir creyendo que todo es real, en algún momento de su crecimiento. Y eso nos ha pasado a todos.

¿Qué podemos hacer? Simplemente, en momentos del día que tengamos, momentos un poco tranquilos, pararnos, quedarnos tranquilos, y dejar que todos esos estímulos que nos tienen distraídos y que nos hacen que creamos, se diluyan un poco. Estamos en el autobús sentados, y en vez de estar pensando en las cosas que pensamos cuando estamos en el autobús, en algún momento, por diez segundos, pararnos y decir, esto no es real, parece real, pero esto no es real. Y seguimos con nuestra vida. Y en otro momento del día lo volvemos a hacer, volvemos a empezar, vamos por la calle, nos paramos en una esquina, y decimos esto no es real, y nunca olvidarnos de eso, nunca dejar que el diseñador del juego nos gane la partida, que nos hagan creer que algo que no es real, lo es. Os aconsejo que hagáis eso, a lo largo del día, cuantas veces podáis. Porque cuando te das cuenta de que una cosa no es cierta, que una cosa no es real, te deja de afectar, te deja de hacer daño, te deja de molestar. Entonces haced eso, os lo recomiendo, siempre que podáis acordaros de que esto no es real.

Luis de Santiago

La Coruña, 21 Agosto 2016