EL MARAVILLOSO VIRUS DE LA PAZ

A veces en esta búsqueda tratamos de entender, cómo aprender, y lo único que tenemos como referencia, es cómo se aprende en eso que llamamos “El Mundo”, se supone que buscamos un conocimiento, que tenemos que estudiar, que tenemos que leer, tenemos que ir a una buena academia, tener un buen profesor. Pero la búsqueda de quien eres, en realidad, no tiene nada que ver con trasmisión de conocimiento, nada en absoluto. No funciona así.

Si buscamos una analogía en el mundo de como funciona esta búsqueda, lo más parecido que he encontrado es que nos queremos contagiar de una enfermedad que creemos que es buena, porque tenemos fe en lo que nos han dicho y hay algo dentro de nosotros que nos dice que esa es la verdad. Por eso todo lo que yo hable aquí, en realidad no va a hacer nada, todo lo que yo diga es para mantenernos despiertos (Risas), porque si estuviéramos en total silencio todo el Satsang, vais a obtener el mismo resultado.

Así que no os abráis de orejas ni de mente para escucharme, abriros de corazón. Completamente abiertos de corazón es como vais a sacar el mejor provecho de este contagio que puede que suceda, no sucede siempre, pero puede que sí.

Este contagio funciona igual que un “virus”. Yo me acuerdo cuando iba a Satsang con Robert Adams y el me contagiaba de ese “virus” de paz, de ese virus de felicidad, de ese virus de estar tranquilo, de ese virus de entregarme, y me iba para mi casa y empezaban a sucederme cosas y, como en el caso de un virus, mi mecanismo de defensa, unos anticuerpos que se ponían a trabajar en destruir ese “virus”. Ese anticuerpo lo conocemos como “la mente”. A las pocas horas, a los pocos días, desaparecía ese contagio, desaparecía esa maravillosa enfermedad, desaparecía esa paz, desaparecía eso que yo estaba buscando y que había encontrado. Y, cuando esto sucedía, simplemente, volvía donde Robert Adams, y me volvía a contagiar, y volvía a pasar por todo el proceso, pero algo interesante pasaba, cada vez que ese ciclo se realiza, esos anticuerpos, esa mente, cada vez está mas débil, cada vez tiene menos fuerza, hasta que llega un momento que deja de tener efecto totalmente, ya no mata a ese virus tan maravilloso, del cual nos contagiamos cada vez que vamos a Satsang y nos ponemos en presencia de un ser realizado.

Y en esto consiste venir a Satsang. Si venís aquí a oír grandes palabras por mi parte, olvidaros de eso porque no soy tan inteligente, no soy tan listo. Si venís a que os explique porque todo esto está sucediendo, tampoco, porque no tengo ni la más mínima idea de porqué, ni me interesa averiguarlo. Osea que este es un Satsang con un “idiota” que no se entera de nada y no quiere enterarse. Pero que tiene la posibilidad de contagiar este virus.

Así que, abrid vuestro corazón, y sentid el silencio como ese mecanismo de contagio, y a lo mejor funciona. No hay ningún maestro que pueda contagiar a todo el mundo, no existe. Así que, abriros, a ver que pasa. Tal vez te contagies…

Luis de Santiago

Barcelona 18 de noviembre 2016