SER NADA

Hoy no vamos a hacer «Nada», vamos a ser «Nada».

Y en ese no ser «Nada» vamos a observar, vamos a darnos cuenta de como la mente nos va a proponer cosas constantemente, nos va a decir lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que juzgar, lo que tenemos que opinar, lo que tenemos que cambiar, a quien tenemos que salvar… Nos dice que tenemos que movernos, que tenemos que hacer algo, que tenemos que ir aquí, que tenemos que ir allá….. Y lo hace con el único propósito de que no podamos ser «Nada», de que no podamos estar en paz, por que, en la medida que estamos en Paz, en la medida que no somos «Nada», nos damos cuenta que la mente tampoco es «Nada», que la mente no hace nada, que todas esas propuestas que nos hace no sirven para nada, que todo es un juego, y la mente no quiere que nos demos cuenta que ella es prescindible, la mente quiere que creamos que ella es importante, que hay que opinar, hay que saber, hay que entender, hay que juzgar, hay que criticar, hay que temer… todo eso no sirve de nada. Y en la medida que seamos «Nada», lo vamos a ver claramente, por eso la mente no nos deja ser «Nada». Por eso no para de proponernos cosas, no para de proponernos opiniones, no para de proponernos cosas que hacer, no para de proponernos cosas que cambiar, no par de proponernos cosas que temer… constantemente. ¿Y que pasa cuando no le hacemos caso? No pasa «Nada». Y ese que no pase «Nada», es la paz. Es la paz que decimos que buscamos, el que no pase «Nada».

(largo silencio)

Y en ese no pasar «Nada», sigue pasando todo, el viento sigue soplando, las manzanas siguen madurando en el árbol, seguimos durmiendo, seguimos despertando, seguimos haciendo el desayuno, seguimos amando a nuestros hijos, seguimos trabajando. Pero para ello no necesitamos de la mente. Nos damos cuenta que todo sigue igual, que eso que creíamos que era necesario para que las cosas pasaran, ese juzgar, ese empujar, ese moverse, ese hacer, ese pensar, ese opinar no hace falta.

La mente es totalmente prescindible, no pinta «Nada». Lo único que trata constantemente es hacernos creer que es ella la que hace que todo pase, que es ella la que hace que hagamos el desayuno, que es ella la que hace que amemos a la gente que amamos, que es ella la que hace que el mundo se mueva. Y cuando no le hacemos caso, no pasa «Nada», todo sigue igual, la mente no hace falta para «Nada».

Luis de Santiago

La Coruña, 5 de agosto 2017.